La llegada del perro a la casa esta influida por la actitud que todos los miembros de la familia tienen hacia el animal, debemos ser amistosos y afectivos,y flexibles en los primeros días, pero sin olvidar que debemos dejar claras las normas de la casa desde el principio, de esa manera evitaremos futuras confusiones.
Es imprescindible antes de la llegada del cachorro a casa, debemos pactar las normas de convivencia, así si decidimos que no debe tener acceso a una determinada estancia, el resto de los miembros de la familia deberán respetar y si es necesario corregir la actitud del animal, es contraproducente para el bienestar psicológico del perro no tener unas normas claras.
Uno de los mayores problemas para el perro al llegar a casa es que no haya igualdad en el trato por parte de los miembro de la familia, por ejemplo consentir que coja comida mientras comemos, puede provocar que con el tiempo se impaciente, y acabe robandonos la comida del plato.
Una vez que el perro ha investigado toda la casa debemos indicarle donde puede y donde no puede estar, remarcando efusivamente con caricias y verbalmente el lugar donde queremos que este, y siendo si fuera necesario la corrección atraves del collar del collar, y evitando los gritos o una gesticulación excesiva que pueda provocar pavor al animal, ya que no deseamos que acabe convirtiéndose tampoco en un animal lleno de temores.
Dicho esto, si conseguimos ponernos de acuerdo todos los miembros de la familia, no provocaremos la confusión en el perro y haremos mucho más fácil para él, entender su estatus en la casa.